Sobre un poeta poco conocido 
Publicado por Editor | 14 Sep, 1:14 PM | 0 comentarios |
(Una antítesis contra cinco tesis de Huezo Mixco)
Por Pablo Benítez
Lo conocí hace diez años. Yo contaba con dieciocho. Habían transcurrido veintitrés desde que Alejandro Rivas Mira, Joaquín Villalobos, Jorge Meléndez y Vladimir Rogel fraguaron y consumaron su asesinato. Recuerdo perfectamente aquel ejemplar de La ventana en el rostro comprado en una venta de libros viejos. Recuerdo que al leer en el autobús los primeros poemas me di cuenta de que nada sabía ni de Roque ni de su obra, a pesar de haber recitado casi de memoria el “Poema de amor” durante todo el bachillerato. Aquellos primeros poemas no calzaban del todo con la imagen que yo me había pintado del poeta. Terminé el libro y quedé fuera de quicio. Apenas había comenzado a descubrir a Roque.
La imagen pública de Dalton siempre ha sido polémica, contradictoria. No todo el mundo goza con sus puntadas sarcásticas. Muchos denostan sus embriagueces, su indisciplinada militancia comunista. En un tiempo incluso era modelo de todo aquello que un guerrillero no debía ser.
Con su asesinato, su imagen pública dio un vuelco, pero no dejó de ser polémica. Pasó a ser emblema, casi bandera. Pero no bandera exclusiva de una izquierda volcada en la guerra de guerrillas, también fue bandera para un Estado represivo, ávido de censurar y destruir lo que tuviera mínimo olor a subversión.
Los acuerdos de paz provocaron otro giro. Quienes nacimos en 1980, nos topamos ya a mediados de la década de los noventa con un Dalton incompleto, mutilado. Trataron de explicarnos que fue miembro del Partido Comunista y que más tarde se incorporó al Ejército Revolucionario del Pueblo, omitiendo con sumo cuidado (¿miedo?) los nombres de las organizaciones. Nos hablaron de su “muerte” (no de su asesinato) muy superficialmente. Nos dieron a leer uno o dos poemas, principalmente el “Poema de amor”.
Muchos de mis compañeros vieron pasar al tal Dalton como si fuera uno más en un desfile del 15 de septiembre, sin cachiporras, acompañado más bien de una pléyade que no querrían ver pasar otra vez en la existencia. A unos pocos, aquella imagen que nos ayudaron a pintarnos de Dalton nos pareció tan conservadora, tan prohibitiva, tan torpe, que nos lanzamos a buscarlo, a tratar de mirarlo más de cerca, con nuestros propios ojos.
Hace unos cinco años que intento seguirle la pista con mayor sistematicidad. Empezando por mis desórdenes e inconstancias personales, me he topado con varios obstáculos. Parte de su narrativa está inédita, la otra parte está dispersa. Su obra ensayística y periodística está diseminada en libros, periódicos, revistas y papeles inéditos. Su dramaturgia no es muy copiosa, pero es difícil de encontrar. De su poesía completa por fin tenemos noticia, gracias al proyecto de publicación que recientemente culminó con una muy buena edición del tercer tomo de No pronuncies mi nombre (labor de este último volumen que se le debe al equipo editorial de la DPI y a Luis Alvarenga, y en la cual, debo decirlo, he colaborado de manera muy errática).
Me cuesta comprender entonces de qué cosa se siente aburrido Miguel Huezo Mixco cuando dice que Roque Dalton ha comenzado a aburrir. A mí me aburre la visión almidonada que los planes de estudio de bachillerato nos trasladan no solamente de Dalton, sino de Cervantes, de Menén Desleal, de Homero, de Borges, de Darío. Me aburren también las simplificaciones, las frases fáciles. Me aburre la verborrea oficial, de cualquier color, acerca de Dalton y de muchos otros temas y personajes.
Dalton es un autor muy poco conocido. Por ejemplo, su fase política, el Dalton militante y guerrillero, es de las más apasionantes, por sus contradicciones, por sus rupturas, por sus retrocesos, por sus errores, por sus virajes, por su irreverencia, por su intransigencia, por su entrega y por su tragedia. ¿Se ha reflexionado a profundidad sobre esta dimensión del pensamiento de Dalton o se han repetido y se siguen repitiendo sentencias facilonas? Es herejía en nuestros días profundizar en esa zona de la vida y la obra de Dalton. La venia la reciben las lecturas que intentan desmarcarse de ese mal paso de Dalton y lo enaltecen como poeta, a secas.
Tampoco me parece que el análisis de su obra poética se haya completado. Para poner un caso, su último poemario es un panfleto ideologizante. Es un texto muy eficaz, se inscribe en el contexto de la lucha guerrillera, de sus búsquedas políticas. Las diatribas que lanza bajo el manto de los seudónimos (que muy poco ocultaron su identidad y se convirtieron más bien en artilugios, en recursos literarios) posiblemente complicaron más su ya difícil situación política en el ERP. Este libro se aleja del hálito experimental que Dalton ha impreso en Taberna o en Historias prohibidas porque no se encuadra entre sus proyectos de creación poética anteriores, sino en el ámbito de sus proyectos políticos.
Hay mucha provocación en el texto de Miguel, no sé hasta dónde llega su pura gana de molestar a los demás. Lo que puedo decir que es desde mi punto de vista hay todavía mucho por recorrer para que la obra de Dalton nos aburra. A pesar de la edición de su poesía completa, a pesar de su imagen tediosa en los programas de estudio, a pesar de la simplificación a la que es sometida constantemente su labor intelectual y su apuesta política. Claro, no hay que olvidar que los lectores también corremos el riesgo de envejecer, aburrirnos y fosilizarnos.
Publicado originalmente en el periódico digital El Faro (www.elfaro.net) el 8 de diciembre de 2008.
La opinión de los lectores
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Una propuesta de bioética pública
Seminario Nacional de Bioética
Conservando la memoria
Taberna y otros lugares: 40 años
- Bitácora de Roque Dalton
Dalton: un corazón aventurero
El ciervo perseguido
La roca donde Roque murió
Al borde del abismo
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- Palabras del Consejo de Honor
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