Al borde del abismo 
Publicado por Editor | 14 Sep, 2:44 PM | 0 comentarios |
Por Cintio Vitier
Roque Dalton vivió siempre al borde de un abismo: eso le daba risa. Una risa contagiosa, inspirada en lo que Martí llamó "la traviesa musa centroamericana", que nos hacía olvidamos de su abismo, con el que é1 a veces jugaba como un equilibrista más atento a la tensión de los extremos que a la resistencia de la cuerda, y, desde luego, sin malla posible. Pero él no lo olvidaba nunca, es evidente ahora que lo releemos y lo recordamos, es decir, lo pasamos y repasamos por nuestro corazón. Roque y sus palabras cortadas a pico. Roque y el vértigo de su ser oral. Roque y su roca despeñándose a su lado, silenciosa, y él mirándola caer como en cámara lenta, mientras evocaba, pálido de risa, el sastre que no creyó en su autocrítica, o la noche en que, antes de ser fusilado, abrió la Biblia, o mientras cantaba el corrido de Lupita, la tan suertuda que de cuatro balazos que recibió sólo uno era de muerte. Roque serio como un abismo acompañante, autor de sí en verso y prosa y risa, que era su tercer lenguaje, en el que mejor decía su ira y su tristeza indignado de raíz, abismado de nacimiento, muerto de risa, resucitaba siempre para danzar otro paso de la dialéctica, fuego en mano, ironía en mano, amar en mano, sin dejar de disparar un sólo instante como lo sigue haciendo, ahora desde la trinchera misma de su abismo, contra el enemigo. Contra el enemigo que no pudo matarlo ni con la muerte propia ni con la muerte ajena ni con ninguna inventada o por inventar de muerte.
La Habana, 1982.
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